Una exposición marca la leve huella de Dalí en el arte español antes de la guerra

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Dalí no tuvo discípulos, pero sí descarados imitadores». Lo dice Jaime Brihuega, el comisario de la exposición, al explicar la sombra que el pintor surrealista proyectó en España cuando en 1929 viajó a París para convertirse en una estrella. «Aunque se marcha, su relación con nuestro país es muy intensa y sus obras siguen influyendo en el arte español hasta finales de la guerra civil», señaló Brihuega.
La muestra arranca con siete dibujos de Lorca, entre los que destaca el retrato que hizo a Dalí en 1927. Y sigue con paisajes de pintores de la Escuela de Vallecas: de Alberto, Benjamín Palencia, José Moreno Villa… Otra de las secciones muestra los trabajos de los artistas más claramente dalinianos, desde Massanet hasta Ángel Planells pasando por José Caballero, Juan Ismael, Mariano Andreu, Esteban Francés o José María Ucelay.
La estela del genial surrealista en la escultura se ve en obras de Alberto, Ángel Ferrant, Ramón Marinel y Francisco Lasso. Y el afán por los objetos blandos aparece en Javier Ciria, Luis Fernández y Esteban Francés, entre otros. En el collage es Nicolás Lekuona el que más influencias recibe de Dalí, y en la fotografía se han seleccionado trabajos de Maruja Mallo, Ortiz Echagüe y Dora Maar. «Hay obras muy conocidas pero también hay inéditos», destacó Brihuega.
Luis Miguel Enciso, presidente de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, organizadora de la exposición, señaló que el Reina Sofía se ha convertido en «el primer hogar del dalinismo». La exposición tiene otro atractivo. El artista Carlos Pazos ha realizado una escultura situada en el patio del museo titulada «Cupito», con referencias al famoso gorila, al muñeco de Michelín y al Tío Gilito. «Este cachivache monumental no es un homenaje a Dalí, sino un acercamiento de un mitómato empedernido», explicó el artista.

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