La sobrina de Frida Kahlo revela que Diego Rivera practicó la eutanasia a la pintora

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Frida Kahlo (1907-1954), la pintora mexicana más conocida de toda la historia, pudo haber muerto a manos de su esposo, el aún más famoso pintor Diego Rivera. Se trata de una insinuación vertida en el libro de próxima aparición «Frida íntima», obra del único familiar consanguíneo vivo de la pintora, su sobrina Isolda P. Kahlo, pero que al mismo tiempo es anunciado por la autora como «el secreto mejor guardado» de su familia. Y es que Diego Rivera, por hartazgo o compasión, pudo haber ayudado a morir a su mujer aplicándole una sobredosis de morfina.

La sobrina de Frida Kahlo revela que Diego Rivera practicó la eutanasia a la pintora

La tesis de que Diego Rivera realizó la eutanasia a su célebre esposa es algo totalmente nuevo hasta ahora, nunca considerado por los muchos biógrafos de ambos. Y el libro que contiene esta insinuación aparece en un momento claramente oportunista, cuando el próximo 13 de julio se cumplirán 50 años de la desaparición de la artista. Pero lo que le da credibilidad a esta versión es que quien la formula sea Isolda P. Kahlo, hija de Cristina Kahlo, hermana menor de Frida y con quien en 1935 Diego tuvo una aventura amorosa, incidente que provocó una disputa conyugal y que terminó en el divorcio de la pareja, aunque posteriormente Frida y Diego se volvieron a casar.
Tras ir repasando el calvario de sufrimientos que atravesó Frida Kahlo desde que en 1925 un accidente de tranvía la dejó postrada en la cama, Isolda P. Kahlo traslada al lector a la capilla ardiente donde era velada su tía, instalada en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, y narra el encuentro que tuvo con Diego Rivera: «Una mirada y nos dijimos todo… El amor obliga, la piedad también».

«Lo haría». Las palabras pronunciadas por el pintor para explicarle lo sucedido fueron: «Así es… No soportaba más este morir lentamente, cada día; este deterioro cruel y sin sentido; sobre todo el sin sentido», consigna la autora. Al escuchar esta frase, escribe, recordó poco antes al artista en la casa de la pareja en Coyoacán, desesperado, preguntando: «¿Alguien puede hacer algo para calmar los dolores de Frida? Si yo tuviera los huevos para hacerlo, lo haría».
La insinuación de la eutanasia va acompañada de una reproducción facsimilar del acta de defunción de Frida, firmada curiosamente por su psiquiatra y no por el médico de cabecera, quien en vez del fatal desenlace «esperaba mejoría en la salud de Frida». También se afirma que los cardenales en el cuerpo de la pintora, que se atribuían a una caída en el cuarto de baño, donde la encontraron muerta, en realidad «son a consecuencia de la sobredosis de morfina».
Por el contrario, la supuesta revelación sobre la muerte de la artista contenida en «Frida íntima» es rechazada por varios especialistas con dos argumentos principalmente: el hecho de que Diego Rivera no estaba en la casa de la pareja cuando Frida murió, y que la pintora fue hospitalizada en diversas ocasiones por aplicarse ella misma sobredosis de «demerol», analgésico inyectado al que era adicta.
Teresa del Conde, historiadora del arte, señala que «hubiera sido piadoso que Diego la ayudara [a morir], pero las cosas no parecen haber sido así; él no estaba en la Casa Azul cuando Frida murió». Esta especialista puntualiza que la pintora estuvo acompañada sólo por su cuidadora, la señora Mayet, la noche de su fallecimiento, quien dio aviso al pintor tras encontrar el cuerpo al día siguiente.
Martha Zamora, biógrafa de Kahlo, indica que «de la gente que rodeaba a Frida, nadie jamás expresó la menor sospecha de que Diego Rivera o alguien más le aplicara una sobredosis de droga para matarla». Aunque Zamora admite la posibilidad de que, en un gesto de desesperación ante el dolor de su mujer, Diego hubiese afirmado que «si pudiera, la mataría», la biógrafa defiende la hipótesis de que Kahlo murió de una sobredosis autoinducida de «demerol», probablemente involuntaria.
«Frida solía inyectarse ella misma. Obnubilada por el efecto de la droga, pudo haber sufrido una sobredosis al no recordar cuándo se había aplicado la última inyección», indica Martha Zamora. «Hay que recordar ¬añade¬ que ya había habido otras sobredosis involuntarias que motivaron ingresos de Frida en el hospital porque no había manera de controlarla; se ponía histérica si le faltaba el medicamento que se autoinyectaba, al grado de que se le rompían las agujas en la pierna».

14 de julio. Raquel Tibol, historiadora y crítica de arte, sentencia al respecto: «Un día, Frida entró en un estado casi comatoso; cuando Diego llegó y la encontró, con lágrimas en los ojos me dijo: Si pudiera, la mataría , pero no en el sentido de darle muerte, sino de ayudarla a superar un calvario. [Isolda] será muy sobrina de Frida, pero se acordó tarde. Cuando los familiares empiezan a revelar tenebras es para ponerse un reflector. Buscan meterle salsa dark al cuento de Frida».
Con un tiraje inicial de 50.000 ejemplares, «Frida íntima» (Ediciones Dipon) tendrá un lanzamiento simultáneo el 14 de julio en México, España, Colombia, Argentina, Estados Unidos (en inglés y español) y Portugal. El libro recopila cartas, documentos, fotografías del archivo familiar y los testimonios grabados de las charlas que la autora sostuvo con su nieta Mara de Anda Romeo a lo largo de cinco años.
Las acusaciones de «oportunismo» en la aparición del libro, cuando están a punto de cumplirse 50 años de la muerte de la pintora, son rechazadas por Mara de Anda: «No creo que sea demasiado tarde. Fueron 12 años de investigación, más la tardanza de encontrar una editorial. Hasta ahora mi abuela no estaba convencida de decir a todo el mundo su verdad. Pero después de tantos años de investigación, consideró que es el momento y así podrá descansar en paz».

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